Cómo cerraron 2021 las economías de Latinoamérica

El conjunto de las cinco economías más grandes de Latinoamérica cerró 2021 con un nivel de actividad económica un 3,2 % por encima del nivel prepandemia, según los datos del Ocde Economic Tracker que abarcan hasta el 1 de enero de 2022.

Se trata sin duda de una recuperación notable (recordemos que partían de un -17,6% en el momento de mayor impacto de la covid-19 en marzo de 2020 con los cierres, cuarentenas e impactos sobre la salud), que supera todos los pronósticos oficiales y privados publicados durante estos casi dos años de crisis sanitaria. Esta salida en forma de símbolo de Nike de la crisis macroeconómica habría sido liderada por Brasil y Chile, con Colombia (con un muy buen diciembre) y Argentina en un bloque medio, y México algo más rezagado.

En términos anuales en 2021, el crecimiento promedio de estos cinco grandes habría alcanzado el 7,3 %, liderados por Argentina (9,2 %), Chile (8,6 %) y Colombia (8,3 %), seguidos por Brasil (5,4 %) cuya economía es la que menos se contrajo el año pasado, y México (5,2 %). De nuevo, las economías lideres de Latinoamérica habrían superado la mayoría, si no todas, las proyecciones de los organismos mundiales, incluso las más recientes.

La digitalización acelerada en la que empresas, gobiernos y ciudadanos nos embarcamos desde el inicio de 2020 ha generado un auge de nuevos indicadores y métodos económicos (la ‘tercera gran ola’ de la economía, según ‘The Economist’) que permiten una evaluación a tiempo real de la actividad económica.

Los datos oficiales de contabilidad nacional de cierre de 2021 no los conoceremos hasta dentro de unas semanas. Pero este indicador abierto y público, que se basa en datos de Google Trends de demanda de bienes y servicios, oferta, indicadores laborales y de confianza, captados digitalmente con un ajuste optimizado con machine learning, nos permite ya tener una imagen fiel de la situación económica, aun cuando estamos apenas entrando en el nuevo año.

Estas buenas noticias casi a tiempo real, apoyadas por una mejora del entorno exterior (en especial en el comercio y en parte remesas; esperemos turismo), y sobre todo por la aceleración de los planes de vacunación a pesar de las sucesivas olas de covid-19, no ocultan un gran impacto macroeconómico. Usando las proyecciones más tradicionales del FMI, el conjunto de las 33 economías de Latinoamérica habría dejado de crecer aproximadamente 875.000 millones de dólares en 2020, equivalente a la suma de las economías de Colombia y Panamá.

A futuro, la clave es evitar que el impacto sobre la economía latinoamericana sea permanente. Las proyecciones oficiales del FMI, incluso después de las revisiones al alza en octubre, implican que desde 2021 en adelante la región podría dejar de crecer ‘un Chile’ cada año (en torno a 490.000 millones anualmente). En otras palabras, para evitar esa pérdida permanente, la recuperación cíclica y algunas sorpresas positivas en el camino, ya no bastarán.

Es imprescindible enfocarse en revertir la perdida presente y futura de capital humano. Así, en septiembre el empleo formal aún no había recuperado el nivel prepandemia según los últimos datos del observatorio laboral del BID que abarca a 13 de las principales economías de la región.

Las innovaciones derivadas del trabajo desde casa pueden ser una vía creativa y moderna hacia mercados laborales más dinámicos, si vienen acompañados de regulación inteligente, inversión en tecnología y formación. Y el cierre de las escuelas, unido a la limitada conectividad e inadecuada formación de los profesores habría implicado una pérdida de entre uno y dos años menos de escolaridad que se deben recuperar por todos los medios, incluso en asociación con los programas que el sector privado ha ido lanzando estos meses.

En conclusión, ¿son estas proyecciones a medio plazo inamovibles? En absoluto. Si bien la digitalización a la carrera se ha topado con algunos retos tanto de disponibilidad de recursos para acelerar la inversión en tecnología, regulaciones en ocasiones analógicas y falta de competencias y habilidades, no hay duda de que todos -gobiernos, empresas y ciudadanos – hemos cambiado el chip hacia lo digital.

Latinoamérica puede aspirar a una reactivación en ‘V’ a partir de ahora, y recuperar las tendencias prepandemia con una mayor digitalización de nuestros procesos productivo, la (re)capacitación de los trabajadores y la inversión en educación. Y, gracias a estos indicadores a tiempo real, no habrá que esperar meses para comprobarlo. Hagamos que 2022 sea el año definitivo de la transformación digital para todos.

Tomado de: PORTAFOLIO