¿Estamos ante una lista de imposiciones laborales de EE. UU.?
"Colombia es más importante en lo internacional, lo económico y lo político, que hace una década". El embajador en Washington, Gabriel Silva, dice que el plan para aprobar el TLC ejerce más presión sobre las instituciones de ese país que sobre Colombia.
Ahora sí: ¿qué tan cerca estamos del TLC con EE. UU.?
El TLC llevaba casi cinco años estancado, inmovilizado, a pesar de los inmensos esfuerzos de la administración del presidente Uribe y de mi antecesora, Carolina Barco. Ahora tenemos luz verde de aquel a quien le corresponde presentarlo ante el Congreso, que es el presidente Obama. La perspectiva es que el TLC quede aprobado, a más tardar, a comienzos del segundo semestre. Estábamos en la noche y ahora estamos en el día.
¿Por qué fue tan larga la noche? ¿Porque el presidente Uribe era incomprendido por los círculos de poder en EE. UU., o porque por fin Colombia acepta la agenda laboral que se le impone?
El término imposición no me parece correcto, porque este es un proceso de doble vía. Yo diría que lo que ocurría en el pasado es que la administración Obama y el Congreso eran monolíticos por razones políticas y partidistas, y no existía la urgencia que se siente hoy alrededor de la importancia de Colombia. Algo que a los colombianos a veces se nos escapa es que el país, en lo político, en lo económico y en lo internacional, es cada vez más importante, muchísimo más que hace una década. A los norteamericanos les costó darse cuenta de que para ellos la demora en el TLC traía unos costos muy grandes.
Es cierto que el TLC trae beneficios de doble vía. ¿Por qué los EE. UU. nos hacen sentir como si nos estuvieran haciendo el favor de levantarnos un castigo?
El TLC favorece a ambas economías. El cambio de tono que hemos tenido en los últimos meses y que nos ha permitido avanzar en el TLC con Canadá, que entra en vigencia el primero de julio, y en los acuerdos con la Unión Europea y Mercosur, les ha costado mercado a los productores y exportadores norteamericanos. El presidente Santos claramente lo manifestó: es ahora o nunca. Ese cambio de actitud nos ayudó mucho para que el TLC pasara de ser una concesión, que era un poco la perspectiva que existía en Washington, a una necesidad para EE. UU. y sus relaciones con América Latina.
Es un cambio de tono con respecto al gobierno anterior, del que usted fue ministro...
Cada cosa en su momento. Había un Congreso de mayoría demócrata que por razones ideológicas no tenía interés en prohijar ese acuerdo. Esas circunstancias cambiaron y permitieron el cambio de tono. Ahora hay una coalición de fuerzas bipartidistas e intereses empresariales con la que no contábamos.
Las condiciones que nos ponen los EE. UU. son muy detalladas, tanto para la Fiscalía, el Congreso y el Gobierno. ¿Esto no es inaceptable?
Le insisto en que la palabra imposición no es correcta. Es un plan de acción que aterriza en el papel una cantidad de medidas que convergen con las propuestas que ha hecho el presidente Santos desde el comienzo de su gobierno. Con la elección de su fórmula vicepresidencial, el Presidente ha sido un campeón de los derechos laborales y de su formalización, normalización y vigencia. Este acuerdo habla, por ejemplo, de la Ley de Cooperativas, aprobada el año pasado. Lo que hay aquí es un reflejo de la filosofía del presidente Santos sobre los temas laborales, desde la resurrección del Ministerio del Trabajo, que le devolverá importancia al marco de protección de los trabajadores. Estamos garantizando el apoyo del Gobierno de los EE. UU. para fortalecer la Fiscalía en aras de combatir la impunidad. No es una imposición, es una colaboración.
Le insisto. El acuerdo dice que para abril 22 hay que revisar la reubicación de los maestros. Para junio 15 hay que hacer una reforma del Código Penal. Adelantar para el 2011 el nombramiento de 100 inspectores del trabajo. ¿Esas no son acaso imposiciones?
No. Esas son decisiones del Gobierno colombiano que comparte el Gobierno de los EE. UU. y se estructuran a través de un plan de acción. Estamos insertados en un mundo global, en el que los sindicatos de Colombia tienen hermandades y solidaridades con los de EE. UU. Que existan fechas y compromisos concretos no son imposiciones; ahí tenemos una diferencia conceptual de fondo. Cuando uno está haciendo lo que le dictan sus convicciones, eso no se puede llamar imposición. Le estamos dando al presidente Obama el espacio político de coincidir con Colombia porque llegó la hora del TLC.
¿Las reformas de nuestro Código Penal no son necesidades que deben surgir de nuestras propias evaluaciones y no de imposiciones de los EE. UU.?
Nuevamente tenemos una diferencia. No hay nada que esté ahí que no se haya discutido aquí de manera interna, independientemente del acuerdo con los EE. UU. y desde el comienzo del gobierno del presidente Santos. Muchos de esos temas los trajo incluso hace unos meses a Washington el vicepresidente (Angelino) Garzón y salieron de la agenda que él estaba trabajando con el presidente Santos para proteger el sindicalismo y el trabajo organizado.
No nos podemos quedar en la argumentación de que nos impusieron ese acuerdo. Lo que se logró fue apalancar las relaciones del gobierno Santos, con el fin de darle un camino al presidente Obama para hacer lo que está haciendo.
¿O sea que Angelino ya había discutido todos estos puntos con el Gobierno de los EE. UU.?
El Vicepresidente ha sido un líder fundamental en mostrar la cara de lo que es el nuevo proyecto del gobierno Santos sobre los derechos laborales. No es un gobierno que se haya sentido arrastrado a cumplir esos compromisos, sino que esos compromisos lo que hacen es desplegar lo que ha venido haciendo el Gobierno y lo que quiere hacer. Incluso, fue el propio gobierno Santos el que propuso y discutió la eliminación de las cooperativas de trabajadores y, cuando se presentó el proyecto de ley, propuso el aumento de las penas para quienes las utilicen con fines fraudulentos, como no pagar las prestaciones. Fue el Congreso el que pospuso la aprobación de esa propuesta hasta el 2013.
¿Qué pasa si no cumplimos con las fechas y plazos previstos?
Este no es un problema de fechas, sino de procesos. Tenemos un proceso de consultas con los EE. UU., que se extiende a muchos temas, desde seguridad y defensa. Nos interesa que el TLC sea aprobado en los próximos meses, después de años, por no decir décadas, de estar buscando el libre comercio con EE. UU. Para ello estamos facilitando unas fechas con el objeto de que, alrededor de ellas, se tomen las decisiones que van a permitir la aprobación del tratado. Las fechas, que corresponden a lo que este gobierno está haciendo y puede hacer, lo que buscan es lo contrario: presionar al Gobierno y al Congreso de EE. UU. para que dejen aprobado el TLC este año, porque el 2012 es época electoral y eso complica la aprobación de cualquier acuerdo comercial.
Echo de menos en el acuerdo que, aunque se reitera el rechazo contra el trabajo infantil, no hay ni un renglón contra las Farc, los principales reclutadores de niños, que los ponen a trabajar en la guerra...
Es que este no es un pronunciamiento político, pero aprovecho para contarle que acaba de salir el informe de derechos humanos del Departamento de Estado, el mejor que se ha publicado en 12 años, en el que hay un reconocimiento muy grande a nuestros esfuerzos. Y ahí mismo se denuncian esas prácticas por parte de los terroristas.
¿Dónde están los compromisos de los EE. UU. hacia los trabajadores colombianos que maltratan allá?
Las prácticas que usted señala son penalizadas en EE. UU., aunque eso no impide que ocurran. Lo que importa es investigarlas y sancionarlas. El tratado tiene un aspecto estructural e institucional muy importante y es que colabora con el propósito del presidente Santos de formalizar, normalizar y modernizar la economía. Por eso es que vimos a algunas centrales obreras siendo muy constructivas sobre estas medidas, porque los grandes beneficiarios de todo esto son los trabajadores de Colombia, por el empleo que se genera y el fortalecimiento institucional que se construye alrededor de la colaboración de los dos países.

